Cuando tu rodilla empieza a decidir por ti
Al principio solo es una molestia al correr, subir escaleras o terminar un entrenamiento. Después empiezas a reducir el ritmo, evitar partidos o pensártelo dos veces antes de hacer una ruta. No parece gran cosa, pero repetir esas pequeñas renuncias acaba cambiando lo que haces cada semana. Si quieres seguir moviéndote sin que esa molestia condicione constantemente tus planes, contar con un soporte localizado puede ser un primer paso.
